¿Por qué es tan difícil cambiar?

¿Por qué es tan difícil cambiar?

¿Por qué es tan difícil cambiar aún si sabemos que no hacerlo implica o implicará mucho daño personal?

Muchos de nosotros vemos los cambios como algo tan difícil, que nos convencemos a nosotros mismos de que somos incapaces de lograrlos. Y peor aun, cuando el diálogo que pasa en nuestro interior es negativo, seguramente será el doble o el triple de difícil de conseguirlo. La posibilidad del cambio tiene el poder de detonar ansiedad, y si tú ya lo has intentando antes, sabes que la ansiedad es cosa sería.

El miedo a lo desconocido, el miedo al fracaso y, fundamentalmente, el miedo a sufrir son las primeras barreras a las que nos tenemos que enfrentar para dar paso al cambio que buscamos en nuestras vidas. Esto se debe a que cambiar siempre supone una decisión personal y requiere entonces que la propia persona, que quiere cambiar valore, si es quiere permanecer cómo está o si quiere lanzarse al terreno de lo desconocido, y aquí es donde empiezan los problemas ya que lo desconocido se asocia con la idea de la inseguridad pues pierdes control sobre lo que vaya a suceder. La incertidumbre es una sensación “llena” de vacío y puede apoderarse muy fácilmente de nosotros en forma de angustia. 

Es por esto que solemos generar zonas de confort, zonas de confort que generan una percepción de seguridad, pero que al final se quedan sólo en eso: una percepción, ya hablé de ello en el episodio 34. Así que, cuando queremos cambiar algo, muchas veces esta sensación puede ser tan fuerte que preferimos quedarnos en nuestra zona confort, que es precisamente eso que conocemos bien, no importa si es malo o desagradable. Este acto de elegir no cambiar por miedo a lo que vendrá, es lo que provoca la resistencia al cambio.

Tengo una lista con algunas de las razones por las cuales nos resulta difícil cambiar, recuerda que estas son solo unas cuantas de las muchas que quizá existan:

  • Por temor a no lograrlo, desde un principio nos visualizamos no consiguiendo la meta, y una vez que empezamos es muy fácil auto-sabotearnos, con la única intención de asegurarnos de no conseguir el éxito y renunciar de manera casi inmediata a siquiera intentarlo.
  • Porque es más fácil seguir viviendo en la rutina conocida, que lanzarnos a lo desconocido.
  • Porque no sabemos cómo hacerlo, y eso nos pasa a muchos, o también porque creemos que se trata sólo de tener fuerza de voluntad.
  • Porque todo cambio requiere esfuerzo y en ocasiones estamos tan a gusto yendo por la vida sin compromisos u obligaciones, que el simple hecho de pensar en tener que esforzarnos nos incomoda 
  • Porque lo hacemos por la razón equivocada: no porque queremos, sino porque debemos. Como Cuando alguien nos presiona para que lo hagamos; incluso cuando creemos que obtendremos un beneficio, aunque este no sea de nuestro agrado.

Día tras día nos decimos a nosotros mismos que desde mañana algo va a cambiar. Sabemos que es lo mejor para nosotros, que nos sentiremos bien si lo hacemos y sin embargo cuando llega el momento de pasar a la acción, volvemos a posponerlo para el día siguiente, o si empezamos no dura mucho antes de que volvamos a los hábitos de siempre, porque no estamos convencidos.

Seguramente te ha pasado por la mente el:

«Ya es demasiado tarde para cambiar. Siempre fui y seguiré siendo así»

Quien vive con esa actitud se está creando una realidad que no tiene por qué ser así. El ser humano está en constante evolución y crecimiento. No somos seres estáticos. Nunca es demasiado tarde para intentar cambiar, para comenzar de nuevo, para mejorar nuestro carácter, para restaurar una relación, para arrepentirnos y pedir perdón. 

¿Por qué nos pasa esto? ¿Por qué es tan difícil cambiar?

Estoy seguro que habrá una infinidad de razones pero aqui solo te quiero comentar de algunas que son comunes y que nos impiden crear cambios positivos y duraderos en nuestras vidas.

  1. La motivación es externa o superficial. El por qué deseamos crear un cambio en nuestras vidas es fundamental para que este se lleve acabo, ya que es la razón por la que queremos cambiar en primer lugar la que nos mantendrá motivados en el proceso hasta que los consigamos.

Cuando esta razón no es lo suficientemente poderosa, o no tiene el valor suficiente como para compensar el esfuerzo que se requiere para cambiar, tarde o temprano volveremos al punto de partida. Esto es lo que ocurre cuando la razón por la que queremos cambiar viene de fuera, por ejemplo, por que es la moda y todo el mundo lo hace, o por que gente querida nos dice que es lo mejor para nosotros; o el beneficio que nos genera no es lo suficientemente importante para el esfuerzo de llevarlo a cabo.

A la hora de hacer un cambio en nuestras vidas, debemos de prestar especial atención a la razón por la que lo quieres hacer, y una vez que lo sabes hazte las siguientes preguntas: ¿Por qué es importante para mí este cambio?¿Cómo me voy a beneficiar personalmente si hago este cambio? ¿Está de acuerdo con mis valores y con quién yo soy o con quiero ser? Si las respuestas te convencen, adelante, ya la llevas de gane.

  1. Creencias limitadoras. En el fondo creemos que no lo vamos a conseguir, que no tenemos la suficiente fuerza de voluntad, o que somos demasiado débiles para conseguirlo.

Estos pensamientos no solo despiertan el miedo a fallar, a sentirnos decepcionados con nosotros mismos, y a decepcionar a los demás, si no que además influyen en nuestras acciones, y esta forma de pensar termina provocando aquello mismo que estamos intentando evitar. De esta forma nuestras creencias limitadoras, prácticamente se vuelven profecías de lo que acaba ocurriendo; cómo no creemos que lo podamos conseguir, no nos esforzamos, y como no nos esforzamos, no lo conseguimos.

La fuerza de estas creencias reside en considerar que el fallar, o el no conseguirlo a la primera, es algo desastroso que hay que evitar a cualquier precio. Ahora bien, si consiguiésemos pensar que eso no es del todo cierto, y que fallar no es más que un paso en el camino hacia donde nos dirigimos y además ese “posible” fracaso es necesario para aprender y mejorar, entonces el miedo a fallar no sería tan grande y encontraríamos la fuerza necesaria para seguir adelante.La clave, por lo tanto está, en redefinir el significado que le damos a la palabra fallar, puedes escuchar el episodio “el recaer no es fracasar”.

  1. Nos enfocamos en las circunstancias. Con frecuencia creemos que para crear un cambio, algo o alguien tiene que cambiar, poniendo todo nuestro empeño en cambiar las circunstancias, pero sobre todo esas que se escapan a nuestro control, o intentamos hacer cambiar a otras personas, y lo único que conseguimos a cambio es frustración y sentimiento de impotencia.

Hay alguien que dijo: “Si no te gusta algo, cámbialo, si no puedes cambiarlo, cambia la forma en la que piensas sobre ello”

Y es que, independientemente de la situación, o independientemente de la persona, siempre podemos cambiar la perspectiva como la miramos, y percibirla desde un punto de vista que nos ayude a aceptarla, a comprenderla o incluso entenderla.

Nuestro pensamiento, e interpretación de los hechos, está siempre bajo nuestro control. La próxima vez que te encuentres intentando cambiar las circunstancias externas hazte las siguientes preguntas: ¿Qué puedo modificar yo para que esta situación cambie? ¿De qué otras formas puedo interpretar o ver esta situación? ¿De qué manera puedo ver esta situación de una forma constructiva y quedarme solo con lo que me sirve?

  1. Lo queremos hacer solos. Y creemos que así tendrá más mérito, o por lo menos eso es lo que nos dice nuestro ego. Visto desde esta manera, el hecho de pedir ayuda, o apoyo, le quita valor a lo que conseguimos y es una de las razones por las que decidimos intentarlo solos, y también vale la pena mencionar que en muchas ocasiones creemos que al pedir ayuda alguien nos juzgará por “nuestro problema” o que nadie nos va a entender.

El entusiasmo que le pones al principio te ayudará a moverte en la dirección deseada pero va a decrecer con el tiempo, y va a ser ahi cuando el apoyo externo, es decir, el apoyo de alguien mas será fundamental para recuperar esa ilusión y la motivación con la que empezaste.

Es importante, bastante importante que antes de comenzar un cambio busques apoyo a tu alrededor, créeme, esto me lo he repetido tantas veces que espero algún día convencerme a mi mismo de qué ahi afuera hay alguien que me podrá ayudar y que me entenderá. Cuéntale el cambio que vas a hacer a alguien en quien confíes, o que respetes, cuéntale de las metas que tienes en mente y por qué es importante para ti hacerlo. Incluso le puedes pedir que te ayude a hacerte responsable de cumplir lo que le estás diciendo, y que te pregunte de vez en cuando como vas con tu proceso, y si se puede ojalá y también te ayude a recordar por qué es importante para ti lo que estás haciendo sobre todo en esos momentos de debilidad.

  1. Nos centramos en la dificultad. Cuando ponemos nuestra atención en lo difícil que es el cambiar, el esfuerzo que tenemos que hacer, lo duro que va a ser y gastamos toda nuestra energía en estos pensamientos el cambio que tanto deseábamos pierde su encanto.

En los momentos en que el cambio pierde su sentido debemos aprender a motivarnos a nosotros mismos. Una de la mejores formas es recordando y entrando en contacto con los beneficios que traerá el cambio haciéndote preguntas como estas: ¿cómo será mi vida una vez que el cambio haya ocurrido? ¿cómo me sentiré? Cierra los ojos he imagínatelo.

Es mucho mas fácil conseguir un cambio positivo y duradero en nuestras vidas si:

  • La razón para el cambio sale de nosotros mismos.
  • Tenemos confianza en nuestra capacidad para conseguirlo.
  • Existe una red de apoyo externa que nos ayude en los momentos de debilidad.
  • Ponemos nuestra atención en los beneficios, sin dejar pasar por alto ninguno de ellos.
  • Y entendemos que el cambio tiene que ocurrir en nosotros y no en alguien mas.

Para que puedas lograr un cambio debes:

  • Estar seguro de querer ese cambio. Si la mente y el corazón no están de acuerdo, la voluntad no va a llegar muy lejos. 
  • Tener un plan. De la misma manera en que hacemos un plan cuando preparamos una fiesta o planeamos un viaje, también es necesario que hagamos un plan que detalle los pasos que vamos a tomar, cómo y cuándo los vamos a dar y a dónde queremos llegar.
  • Tener constancia. No siempre logramos lo que queremos tan pronto como nos lo proponemos. A veces debemos hacer un alto en el camino, dar marcha atrás o incluso cambiar de rumbo para poder llegar a la meta deseada. 
  • Tener paciencia. Esto es sumamente importante cuando estamos tratando de cambiar un hábito. Si es algo que llevamos haciendo durante años, o toda nuestra vida, no podemos esperar cambiarlo en un abrir y cerrar de ojos. 
  • Tener a alguien ante quién ser responsable, es decir a quien le rindas cuenta de tu progreso. Van a haber momentos en que nos será muy tentador volver a la conducta o hábito que queremos cambiar. Es entonces cuando el saber que hay alguien ahi a quien tendremos que rendirle cuentas nos ayudará a seguir en el camino que nos conducirá a la meta que queremos alcanzar. 

Recuerda que:

  • Todo cambio implica correr un riesgo, ya que las cosas no siempre salen tal cual las planeamos. Como por ejemplo en mi caso me propuse bajar de peso y eso está llevando mucho mas tiempo de lo planeado; quizá para ti dejar de fumar no resultó tan fácil como pensabas; o quizá el incorporar ejercicio en la vida diaria es más complicado de lo que habíamos imaginado.
  • Todo cambio implica sufrir una pérdida. Si queremos incorporar un hábito nuevo, debemos abandonar uno viejo que seguramente nos proporcionaba ciertos beneficios. Y por más que sepamos que el resultado va a ser mejor para nosotros, nos cuesta aceptar la «pérdida» de algo conocido (aunque no fuera bueno, o no nos hiciera bien).

Pero ahora debes de imaginarte lo siguiente:

  • Imagínate la satisfacción de haber logrado lo que te habías propuesto, de haber alcanzado la meta. 
  • Imagínate el obtener todos los beneficios que el cambio producirá en ti. Nunca cambiamos algo para estar peor de lo que estamos, sino para estar mejor ya sea física, mental o emocionalmente.
  • Y nunca, nunca se te olvide que cuando nosotros estamos mejor, nuestro entorno también está mejor. 

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